viernes, 3 de septiembre de 2010

(No tan) Breve repaso a la evolución de la Democracia interna en España

Sirva la presente para analizar, de un modo más o menos acertado, lo que para servidor significan las Primarias, así como su trayectoria a lo largo de la historia de España; aun a riesgo de repetir frases hechas como “la gran fiesta de la democracia” y otras…

Desde el inicio de la creación de los partidos políticos, estos se caracterizaron por la presencia de un gran e incuestionable líder, que, al modelo papal, lo sería hasta el día de su muerte. Así sucedió con el Partido Liberal-Conservador de Antonio Cánovas del Castillo, o con el PSOE de Pablo Iglesias.

En los albores de la Transición, Felipe González fue elegido líder del PSOE en el ya histórico Congreso de Suresnes, unos dicen que en el último momento (se habló antes que de Felipe, de Nicolás Redondo), otros dicen que la candidatura ya estaba pactada un año antes.

Desde entonces, el liderazgo de los partidos políticos continuó siendo algo ultrapersonalista y, en algunos casos, hereditario. Adolfo Suárez fue propuesto como Jefe del Ejecutivo por el Rey y fundó un partido a su imagen y semejanza, lo propio hizo Fraga con su Alianza Popular.

A finales de los años 80, AP elige en un Congreso un tanto mesacamillero a Hernández Mancha, que se había enfrentado con el prestigioso constitucionalista Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Poco dura la experiencia, Fraga, quien seguía controlando los hilos de AP, fuerza la dimisión de Hernández Mancha tras una nueva derrota electoral en 1987, y vuelve a presidir la organización conservadora, significando el fin de un conato de democracia en el PP, por entonces, AP. En septiembre de 1989 es propuesto por Fraga como candidato, tomando su relevo al frente del renovado PP en 2000.

En el año 1996, José María Aznar derrota por una corta diferencia al PSOE de Felipe González, en 2000 lo hace por mayoría absoluta, con el candidato socialista Joaquín Almunia. En esos años, concretamente en el 98 hay un gran proceso de primarias en las filas del PSOE, que situaría a Josep Borrell como Candidato a la Presidencia del Gobierno. Borrell, por razones que mi corta edad en aquella época desconocía, y después descubrí que se debieron a la falta de apoyo interno; dimitió en 1999.

Al año siguiente, en 2000, tras la grave victoria de los socialistas, se abre un proceso interno de reflexión, que lleva a la elección por la mínima y por sorpresa de José Luís Rodríguez Zapatero (41,69% de votos) como Secretario General del PSOE. Lo hizo frente a otros 3 candidatos, el actual Presidente del Congreso, José Bono (40,79%), quien a priori contaba con ventaja; la hoy día senadora Matilde Fernández (10,98%) miembro del sector guerrista; y la posterior dimisionaria Rosa Díez (6,55%), gran derrotada de aquel Congreso, más que por el desarrollo de este, sino por cómo se lo tomó, por todos conocido.

En 2003 Aznar anuncia definitivamente que no se presentará a las Elecciones y designa personalmente a Rajoy como sucesor, quien fue ratificado posteriormente en Congresos para los cuales la participación democrática fue… digamos escasa, por no decir nula.

Zapatero sería reelegido Secretario General de modo unánime en dos ocasiones tras sendas victorias electorales.

Este año, en 2010, se abre un proceso democrático en el PSOE, que llevará a la Elección de los candidatos socialistas en federaciones como la madrileña (PSM), la valenciana (PSPV) o la, mía, la murciana (PSRM); además de en algunas agrupaciones, como también la mía, Cartagena.

Un proceso de primarias debe hacerse con ciertas dosis de sabiduría para saber lo que se tiene entre manos, que no es ni más ni menos que la oportunidad de dar a los militantes la posibilidad de pronunciarse, sin dedazos de por medio, por su candidato predilecto, el que creen que es mejor para presentar ante el conjunto de los ciudadanos.

Es hora de tener amplitud de miras, de mirar, más que por lo propio, por todo el Partido, de buscar personas cuya experiencia en las instituciones a la cual se presentan esté garantizada.

Creo que no puedo ser más claro ;)

2 comentarios:

  1. Buena exposición del planteamiento de las elecciones primarias. Es sin duda una gran muestra de que la democracia debe estar presente en todos los ámbitos, incluso en los (según algunos) menos necesarios.

    No obstante, y sin que esto sea un apoyo al modelo hereditario, sí que me gustaría plantear un notable inconveniente a este sistema: la posibilidad división interna.

    Lo sé, es el argumento de la oposición, pero pretendo darle un razonamiento práctico que se salga de la simple acusación a dedo.

    Y es que el problema se encuentra en que las primarias son elecciones. Y sí, la fiesta de la democracia es fiesta porque es democracia, y entendemos que la democracia es buena, por lo que la fiesta también lo será. Pero los hay que utilizan las fiestas para buscar el beneficio propio, o incluso los que las consiguen empañar para tratar de obtenerlo. Esto es lo que, a mi entender, ocurre en la gran fiesta de la democracia española: las elecciones generales.

    Y es que, aun siendo lo más nobles y leales que humanamente se pueda ser, no hay que olvidar que los corrillos hacen mucho, y que no todo el mundo tiene todos los medios para poder mostrar a los votantes que puede ser la mejor opción. Y pensando en no ser tan nobles (como ocurre entre partidos), puede darse el caso de que se prefiera convencer por la descalificación del contrario que por el mérito de lo propio, y creo que estamos cansados de ver este hecho todos los días en los noticiarios.

    No quiero pensar mal, y desde luego que tampoco quiero transmitir esa idea, pero es un riesgo bastante grande el hecho de que en ámbitos internos las cosas haya que decidirlas por votación porque, si bien es lo más justo, no es a veces lo más sabio o conveniente, y quizá haría un llamamiento al consenso previo antes que a unas elecciones.

    Por supuesto, estoy hablando del peor caso (y es que en Informática estamos muy acostumbrados a ponernos en lo peor para que nos funcione lo que hacemos), que tiene muchas implicaciones, y ninguna de ellas se hace agradable de mencionar. Por eso concluyo aclarando mi postura con tres puntos.

    El primero es recordar que la democracia no es sólo elegir entre dos (o más, aunque el dicotomismo es una práctica muy española) opciones, sino a veces saber buscar la solución intermedia que agrade tanto a unos como a otros. Y no puedo evitar pensar en lo que erróneamente opinarán algunos, que es el miedo a la "falta de democracia"; no por obviar la votación una vez llegado al acuerdo estamos negando la democracia.

    El segundo pasa por admirar a cualquier grupo de personas que, en el caso de no poder optar por la opción anterior, no tienen reparo alguno en ceder la decisión al grueso no dirigente, pues es un gran riesgo como ya he dicho, pero es también una muestra de seguridad en unos mismos, en este caso a nivel grupal, y sin duda una fuente de profunda cohesión interna en el caso positivo.

    Y en tercer lugar, no olvidar que, aun siendo el mejor método, no es infalible, y que por ende de igual forma que no se puede aceptar la versión de unos acerca de "las muestras de división interna", tampoco se puede admitir la de otros acerca de "lo infalible y democrático de este método", ya que lo democrático, aun siendo lo mejor (lo más justo), no es lo infalible en la mayoría de las ocasiones. Y sabiendo que no podemos decir que, como puede fallar, nos cargamos la democracia, simplemente me limito a recordar que, como bien sabemos los informáticos, no siempre se puede obtener la solución óptima, y que aunque tengamos el mejor método para acercarnos "casi siempre", no podemos suponer que la elección que hagamos sea la más acertada, aunque la mayoría de las veces sí que pueda serlo. Y que no hay nada malo en reconocer que se puedan dar esas casuísticas, si estamos utilizando el mejor método que conocemos.

    Saludos.

    ResponderEliminar