jueves, 5 de julio de 2012

Efectos reales

Vivimos una época en la que parece que todo puede ir a peor y va efectivamente a hacerlo. Y mientras tanto, nos afanamos por “cargarle el muerto” a unos o a otros, cada cual en función de su propia forma de pensar. Y eso está muy bien, es muy aceptable, siempre y cuando se haga desde un punto de vista lógico, sin dejarnos llevar por las tripas y por el “es que estos me caen mejor que los otros”. La crisis no se derrota a base de sentimientos. 

Para muestra una vivencia personal: Pretendo irme de viaje este mes de agosto (tras un año entero ahorrando en una hucha de enormes dimensiones), y esta mañana he recibido un mail en el que, amablemente, la compañía aérea me anuncia que el Gobierno de España se ha sacado de la manga un aumento de las tasas aeroportuarias que se aplicará incluso retroactivamente, a quienes ya habíamos comprado el vuelo anteriormente a ella. 

Vamos, que “gracias” a la (mala) política, el viaje para el que mi novia y yo llevamos ahorrando todo este año nos sube de precio, ya veremos cuanto. Y esto es sólo es un ejemplo pequeño, de consecuencias desagradables pero que afortunadamente no imposibilitará el viaje. Peor lo tienen los estudiantes que van a ver como para renovar su beca van a tener, a partir del curso 2013/2014, que aprobar todos los créditos. Sin exclusión, dinamitando así el Gobierno el sistema de becas para los próximos años, y en consecuencia, impidiendo que la gente cuyos padres no tengan una situación económica medianamente buena, no puedan estudiar en la universidad. Porque, seamos claros, muy poca gente es la que aprueba todas (absolutamente todas) las asignaturas en que se ha matriculado. Y hay estudiantes brillantes que no aprueban absolutamente todo, pero sus notas son excepcionalmente buenas. 

Pero eso ya parece irrelevante, a los ojos de quienes nos gobiernan. Podría seguir: Copago farmacéutico (las abuelas de España están que trinan y con razón), recortes al sector del carbón (los mineros asturianos), reducción de camas hospitalarias y personal médico, reducción del profesorado y aumento de la ratio de alumnos por clase (mientras siguen financiando la enseñanza privada con fondos públicos) y los mil recortes y subidas de impuestos a los que nos someten con la excusa de la crisis. 

En el fondo, no nos engañemos, la crisis existe, por supuesto, pero estas medidas lo que encierran es una ideología derechista antilibertaria del peor calado, que pretende cargarse todo lo bueno que se ha conseguido en más de 30 años de democracia. 

Y ante ellos, nosotros, los de abajo, los ciudadanos, resistiremos y estaremos enfrente.