Los temas de la semana han sido, a nivel nacional, la decisión del Juez Baltasar Garzón de elaborar un censo (entre otras cosas) de desaparecidos en la Guerra Civil; y a nivel internacional, el último episodio de la Precampaña Americana. Vayamos por partes:
Aquí, Garzón, no ha hecho ni más ni menos que lo que ha hecho en países latinoamericanos. Las circunstancias son diferentes, aunque los escenarios guardan similitudes. ¿Qué pretende? Ni más ni menos que lograr que unas personas sepan donde están sus seres queridos. Ni más, ni menos, como decía. Ante esto han surgido varias voces, unas a favor, y otras en contra.
Personalmente, estoy a favor de todo lo que sea devolver la dignidad a los descendientes de personas que fueron asesinadas por el aparato estatal franquista. Si me lo permiten, me adelantare a los comentarios que hablen de lo malos que eran los rojos, porque ellos quemaban conventos.
Es cierto, es una guerra, y en ambos bandos se cometieron atrocidades, y todos tienen derecho a ver la memoria de sus antepasados reparada.
Ahora bien: No es lo mismo lo que hizo un bando que lo que hizo otro. Mientras que en el bando republicano lo que quemaban conventos y asesinaban civiles eran personas independientes del poder (exaltados, a fin de cuentas); en el bando llamado “nacional” (nunca me gustó ese nombre, lo reconozco) a uno no le asesinaba un grupo de exaltados, no. En el bando de los Mola, Franco, Queipo de Llano, al que asesinaban, lo asesinaba el Estado, celebrando una pantomima que hacia las veces de juicio, y condenándoles a morir.
Por tanto, no es lo mismo, los crímenes de unos exaltados independientes del poder, que los crímenes cometidos por una institución al amparo del poder.
Por tanto, obra bien Garzón, a juicio del que escribe. Aunque no sea yo quien deba decir si esta bien o mal, ni yo, ni nadie, ni Rajoy, ni Zapatero. La Justicia es independiente.
A nivel internacional, y ya escribo en esta entrada de dos cosas, el protagonismo se centra en los Estados Unidos, y, de momento, en la Vicepresidenciable del Partido Republicano, los conservadores de allí. Doña Sarah Palin tenía como cartel de presentación, el ser una mujer de la línea dura de la derecha americana y el ser el pequeño ápice de cambio que podía tener la candidatura de McCain. Se presentaba defendiendo los valores tradicionales, defendiendo la abstinencia como método anticonceptivo. No haré demasiada leña del árbol caído… Pero antes que ir impartiendo su moralina barata por todos los EE.UU. deberá enseñarla en su propio hogar, al haber transgredido su hija esa moral de la ella tanto presume.
Y ojo, que por mi la hija de la Sra. Palin puede hacer lo que quiera, aunque para su madre este mal, y ahí es donde esta la hipocresía de todo esto.
En fin, que espero a partir de ahora cumplir mas como bloguero, que tengo esto un tanto abandonado.
Saludos y sean felices, especialmente a los de los dos patitos.