[Bésala… Bésala como si fuera la última vez.]
Antártida.
Es usted terriblemente cobarde,
empecé,
enfrentándome a una realidad,
lamentable.
Continué con una cruel carcajada.
Y aceleré.
Dejando atrás lo que simplemente, ya no era conmigo,
volviendo a ser lo que nunca debí haber dejado de ser.
El mundo había girado tanto,
que ya no le reconocía.
Éramos, simplemente, ajenos.
Ajenos, por una realidad que no nos era propia.
Mis confianzas fueron devueltas con insultos.
Céntrese usted en descubrirse a sí mismo.
Los demás emprenderemos viajes a la Antártida.
Donde siempre amanece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario