martes, 16 de marzo de 2010

Pongamos que hablo de Joaquín

Aterrizar con tu Inventario fue difícil,
autogestionario pájaro del extranjero.
Que de libretos y cuartillas,
pasaste a guitarras y garitos.

Las Malas Compañías te fueron engrandeciendo.
Visitamos Calle Melancolía de tu mano,
nos contaste sobre Madrid, tan ufano.
Poco después algunas acabarían renaciendo.

Amistades consagradas en La Mandrágora,
de niño me hicieron reír, disfrutar.
Con Krahe y su Hoguera, con Pérez y su Tormenta.
Pongamos que volviste a Madrid.

Jugar a la Ruleta Rusa,
no denota gran inteligencia.
Ya a ti mismo te lo decías:
“Eh, Sabina, ten cuidado con la nicotina”.

Fuiste Juez y Parte de Princesas desangeladas,
de esas que te dejan con la sonrisa en la boca.
Cuando eras más joven
creías ser el rey del mundo.

Tu Viceversa era Anibas,
empezabas a ser grande.
Te revisitaste por primera vez,
en Directo aun no sonabas igual.

Visitaste un tal Hotel, Dulce Hotel.
Magullado y dolorido, bien nos lo explicaste,
en “Así estoy yo sin ti”.
De poco te sirvió, tu Pacto entre Caballeros.

Ninguna pena me da El Hombre del Traje Gris.
En su apenada, aunque precocinada queja,
hacia su queridísima
ladrona del mes de Abril.

Ya en los noventa, nos contaste Mentiras Piadosas.
Enamoraste con agüita del Mar andaluz y la frente marchita.
A ella la vimos disfrazada,
de gala con sus Medias Negras, bufanda a cuadros, minifalda azul.

Espectacular conjugación de Física y Química nos regalaste.
Al pirata cojo le dieron las Diez a la orilla de la chimenea,
en noches perdidas, en las que hay que tomar pastillas para no soñar.
Merece un verso para sí sola, “Amor se llama el Juego”.

Esta boca es mía continuó la gran senda del anterior.
Nos contaste más de cien mentiras,
por el bulevar de los sueños rotos.
Y hubo mucho ruido.

Yo, mi, me, contigo; repleto llegó.
Éramos idiotas dignos de un rocanrol,
meras aves de paso.
Magistral capítulo aparte: Y sin embargo, Contigo.

Páez y vos, enemigos íntimos.
La enemistad tiene sus cosas,
a menudo llueve sobre mojado, aunque tú,
te bajaste en Atocha, al final la maja vestida se dejó besar.

Relataste, con la voz más rota, 19 días y 500 noches.
Ahora que Dieguitos y Mafaldas de purísima y oro están de noches de boda.
A tus cuarenta y diez, empezaste a ser consciente:
Todo lo bueno se acaba.

Sobraban los motivos para tan espectacular directo.
Escuchado una y mil veces.
Habitaste el olvido, tomando hasta copla.
Olga Román y su “Y sin embargo te quiero”.

Superados los Marichalazos, te lo dijimos en la calle.
Habías escrito la canción más hermosa del mundo,
llorando lágrimas de plástico azul,
no permitió la Virgen, que fuéramos p’al Sur.

No fue lo esperado Alivio de Luto.
Aunque resumiendo,
no estaban mal del todo aquellos Pájaros de Portugal.
Al otro lado de la nube negra, nos quedamos en números rojos.

Extraña vuelta de tuerca con Vinagre y Rosas.
De beber, repugnante agua pasada (ex-Lo peor del Amor) con parte meteorológico prescindible,
de postre, original tiramisú de limón.
Por mucha crisis que haya, invertiremos en cristales de Bohemia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario