La Consejera de Sanidad del Gobierno Regional, María Ángeles Palacios (apellido este, que le viene que ni pintado a una señora que no sabemos si desciende de las alturas, o al menos, vive ajena a la sanidad que administra), preguntada por la chocante idea de que el parking del nuevo Hospital de Santa Lucía fuera privado, comparando esto como con ir a comprar a “El Corte Inglés”, ha dicho, en palabras textuales la sra. Consejera que “para ir a El Corte Inglés también se paga”.Me alegro por la señora Palacios.
Y digo que me alegro por ella, porque, visto lo visto, parece tener la suerte de no tener que visitar mucho los hospitales en su día a día, más que para inauguraciones y demás pantomima con la Princesita y de espaldas a los plebeyitos. Porque para ella, ir al Hospital es algo como ir a un centro comercial. No sé si porque ella disfruta mucho en ambos lugares (que sinceramente, lo dudo mucho) o porque vé la posibilidad de hacer negocio también con la Sanidad Pública (lo cual, políticamente, haría cuestionarnos lo idóneo de esta señora para ese puesto).
Yo, personalmente, no puedo alegrarme tanto y comparar tan felizmente ambas situaciones. La Sanidad Pública debe estar al servicio de los ciudadanos, para ayudarlos a curarse cuando están enfermos, y no para darle (aún más) quebraderos de cabeza. Me explicaré: Un servidor ha visto en carne propia el follón que resultaba en el Hospital del Rosell llevar el coche, para llevar a algún familiar que no puede valerse por sí mismo, y no poder acompañar a esta persona (mi abuela) a visitar a su marido porque no hay parking y te tienes que ir al Carrefour, mientras ella, como buenamente pueda, y con la ayuda de algún otro familiar, o simplemente, un alma caritativa que por allí pasara, pueda entrar en el recinto en cuestión.
Imaginemos esto aplicado al nuevo hospital. Uno llega con el coche, coge el ticket y entra. Después de tirarse buscando aparcamiento un buen rato (los hospitales, por desgracia están siempre atestados de coches y de pacientes) aparcas. Acompañas a tu abuela durante largos metros que a la mujer, operada de ambas rodillas, se le hacen eternos, y llegas a la puerta, donde te encuentras un bonito mural del puerto y unos Médicos que van hasta arriba de trabajo y no podrán atender a tu abuela hasta dentro de algunas horas. Cuando salgas con el coche, como según la señora Palacios lo has pasado muy bien, te soplarán la cantidad correspondiente, que, mucho me temo, andará en torno a los 10 euros mínimos, tal y como están los precios de los parkings.
Y esto en un día normal. No quiero ponerme en casos de extrema urgencia (ataques cardíacos, etc.) que requieran de una asistencia inmediata para salvar la vida a la gente. Y no quiero ponerme en este caso, porque aún no sabemos si en Cartagena vamos a tener una o dos puertas de urgencias. Los minutos que separan el Rosell de Santa Lucía pueden suponer la diferencia entre un mero aviso… O algo más grave.
Como pueden ver, escribo esto desde la realidad práctica, como usuario (en carne ajena, de momento) de los servicios sanitarios, como cartagenero, como nieto… Como persona, en todo caso, que no quiere jugarse la salud de unas personas tan importantes como sus abuelas al margen que dan unos minutos en un atasco entre el Rosell y Santa Lucía.
Por todo ello, me veo en la necesidad de realizar una doble petición:
- Al Gobierno Regional, concretamente, a la Consejera Palacios: Demuestre usted que es cartagenera y mira por los intereses de sus vecinos, aunque sólo sea por una vez, y porque el 22 de mayo hay Elecciones. Que haya dos puertas de urgencias en Cartagena y que los parkings de los Hospitales Públicos, sean públicos.
- A la ciudadanía, un buen escarmiento, precisamente ese 22 de mayo, a estos malos gobernantes que sólo ven en la sanidad de todos un negocio como ir a comprarse trapitos a “El Corte Inglés”.
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