Esta mañana iba con el coche camino de la facultad y vi, como en un destello a una mujer con el rostro serio que se acercaba y daba dos fríos besos en la mejilla a un chico, unos diez años menor, que la miraba con ojos de cordero degollado. Podría ser su profesora, su hermana mayor, su amante... Cada cual puede pensar lo que sea, y otros simplemente "pasar" de ellos. Yo he escrito un relato, un tanto absurdo.
[8:30 am, Murcia
Un joven espera en la puerta de
llega una mujer, algo mayor que él,
se besan en la mejilla.]
Me conoció una mañana de abril, la primavera llegaba luminosa a la ciudad y yo iba sin destino fijo al lado del río. Ella paseaba a su perro mientras yo corría, empañado en recuperarme tras dos meses con la pierna rota por motivos que no vienen al caso.
La mañana siguiente volvimos a cruzarnos; lo mismo ocurriría durante las siguientes semanas, hasta que saqué fuerzas de no sé donde y la abordé con el tema de conversación más genérico que encontré. Estuvimos andando juntos dos o tres horas mientras su risa iba en aumento.
Nos despedimos hasta el día siguiente. Ella no apareció. Un mes después la encontré en un bar. Ella charlaba con un tipo que contaría unos treinta años. No me vio, tal vez sus ojos tristes se lo impidieron.
A mediados de junio la encontré, sola, tomando un granizado de limón. El verano se amenazaba caluroso y las frías gotas resbalaban entre sus dedos. Me acerqué a ella, nos besamos…
Esta mañana nos dijimos adiós, supongo que si yo no hubiera dejado aquel perro en la puerta de su casa, no habríamos pasado el verano juntos.
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